Sé que el tiempo no se llama como tú.
[Rainer Maria Rilke]
Ante los ojos del mundo no existimos - dices - pero a este ciego deseo no le interesa. Y miro tus cabellos delgados como los listones de unos soles que se queman por fuera, que se tiñen por dentro: rojos como el hielo incandescente de la sangre.
- Y si te llamaras como el tiempo - te respondo - ¿Cómo pronunciaría tu nombre?, /¿Con qué manos escribiría tu rostro?, /¿Qué salivas servirían para decirte adiós?
Y recuerdas las frases, los caminos, los pasos hacia el viento del norte. Hacia la superficie verde de la nostalgia que aún no se verá:
- Sólo soy una bruja que huye de la hoguera de tu voz - dices.
Y te respondo: - Flor del bosque, raíz de beleño;/ Luna creciente: polvo de estramio;/ Brisa de la montaña en las noches de estío;/ Hojas de belladona y dulce murmullo de las profundidades;/ Humus de cantárida y caricia del invierno;/ esparse tus esencias por este mundo y funde tu piel con la humedad de mis labios -... Y digo esto sin detenerme sino hasta completar un beso.
Sólo eres una bruja olvidadiza, sorprendida en fragante delito de misterio y te pregunto dónde estás - La razón tiene emociones que el corazón ignora - y tu voz se desliza por la utopía babélica de los recuerdos que vendrán.
Tu memoria holográfica todo lo reproduce en tercera, cuarta, quinta dimensiones.
- No hay amor sin memoria - sólo digo.
- No hay deseo sin amnesia... - me respondes.

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