agosto 20, 2011

Ella es así


Ella es Jessica.

Tiene dos hermanas y un pequeño hermano, se lleva bien con todos los de su familia, aunque a veces ella amanece de un gran mal humor y nada le parece agradable.
Sus padres se han llevado bien toda la vida, no existen problemas más que con su hermana mayor. Jamás le llegaron a pegar, ni siquiera un pequeño golpe. Siempre le compraron lo que quiso, era muy consentida por sus padres. Sus hermanas jugaban con ella y nunca estuvo sola. Su familia compró un cachorro Rottweiler cuando ella tenía apróximandamente cinco años. Prácticamente crecieron juntos. Cuando llegaba a sentir que ninguno de su familia la entendía, acudía a su gran amigo fiel. Él nunca la decepecionó, siempre estuvo ahí con ella, escuchándola y comprendiendo su dolor; nunca fue necesario que lo dijera, sus ojos siempre lo expresaron, él la entendía. Siempre hubo pequeños momentos tristes y llenos de nostalgia, y siempre se veía platicándole a su perro cómo se sentía. Ella no creía en los cuentos de hadas, creía en la amistad para siempre.
En realidad, nunca supe por qué ella tenía tantos problemas dentro, nunca faltaba algo que la hiciera sentir mal, recordar su mal sabor de vida. Desgraciadamente, nadie se dio cuenta a tiempo. Ella creció así. Y así llevo su vida, pasando la escuela primaria inadvertida. Teniendo pocos amigos y pocas ganas de estar en el salón de clases, insegura y nerviosa por si le tocaba alguna vez tener que leer.
Siempre ha sentido el gusto por la lectura y sobretodo por las letras, pero ese miedo es algo de lo que nunca se ha podido escapar. No le daba miedo leer, sino que las palabras se atoraran en su boca al momento de tener que salir. Igual, eso no le impidió salir de la primaria con un excelente promedio.
Ingresó a la secundaria, seguía con pocos amigos, algunas travesuras y problemas de más, pero todo seguía siendo lo mismo. Conoció a más gente, hizo buenos amigos pero seguía sintiendo esa tristeza y angustía que la atormentaba de niña, ya no era sólo por ratos, ahora duraba días seguidos y luego desaparecía. Siguió como pudo, pero cada vez se le fue notando más que algo no estaba bien en ella. En la secundaria se dieron cuenta y hablaron con sus padres, lo que la llevó directo con un psicólogo. Su madre a veces se sentía culpable por lo que a ella le pasaba, pero ella sabía que su madre no tenía nada que ver con sus problemas. Sabía que existía algo más, pero no estaba segura de qué era y por más que le explicaba eso a su madre, ésta jamás lo comprendió. Duró más de 10 semanas en continuas terapias, al principio le era fastidioso tener que ir con aquella señora sonriente que siempre le preguntaba cómo se había sentido los días anteriores a ese. A ella no le daban ganas de hablar, jamás había tenido una conversación de esas con alguien, todas fueron con su único amigo, que no necesariamente era un humano. Así que le era muy incómodo platicarle cosas a un total desconocido. Después de varias semanas, sabía que tenía que platicarle algo, así que poco a poco fue solucionando ese problema. Ya iba preparada con algunas ideas en mente, para que no se le hiciera tan horrible tener que pasar una hora, encerrada con esa "doctora".
Aprendió a dominar su mente, pasó de nuevo inadvertida, pues nadie se dio cuenta que en verdad esas continuas visitas al psicólogo no sirvieron de nada. Ella trataba de ocultarlo, no quería que su madre se sintiera mal de nuevo. Logró disimular un tiempo aquella necesidad, engañó a su mente, hubo un que otro momento en que se sentía terriblemente desconcertada, pero siempre hizo lo posible porque nadie lo notara, como lo había hecho toda su vida. Y exactamente así sucedió, todo volvió a la normalidad para todos, menos para ella. A pesar de que había logrado ignorar su malestar por un buen tiempo, sabía que en cualquier momento, si se descuidaba, podía volver sin avisar. Era algo que, a ella, realmente le preocupaba pero sabía que tenía que seguir, no podía solo parar con todo, no quería que los demás supieran cómo habría terminado su historia. Y realmente, aunque a veces lo llegaba a pensar, no quería acabar así nadamás. Siempre soñó con ser mayor, con tener un trabajo y cumplir con sus caprichos. Sin contar una familia, una casa, el carro de sus sueños. Sabía perfectamente que quedarse ahí, poner un punto final a su vida, era totalmente inútil.
Ella quería ser una persona normal, como los demás. Así que siguió sin tomar en cuenta nada.
Consiguió entrar al bachilleres. "Una nueva etapa, una nueva vida", pensaba. Todo tendría que salir mejor, y exactamente así fue. Todo mejoró, pero el gusto no le duró tanto. Hubo un pequeño desliz que le hizo recordar aquellos días amargos. Su historia se volvía a repetir. ¿Volver a lo mismo? ¿De nuevo?. Esta vez no. No lo permitiría, hizo lo posible porque nadie lo notara, y lo logró un tiempo. Siempre hubo preguntas que ella no sabía cómo responder. Jamás se hizo a la idea de hablar con alguien más sobre aquellos males que la rodeaban. Sin embargo, notó un pequeño cambio. La gente ya no insistía como antes por querer saber, ya no la volteaban a ver de la misma manera, a pesar de que ella seguía con pocas palabras y pocos amigos al lado. Simplemente, la dejaron ir. Sentía un gran alivio, pero sabía que siempre, al conocer a alguien nuevo, sería lo mismo, las mismas preguntas, las mismas miradas. Al principio todo era igual que siempre, pero luego de un rato, todo desaparecía. Lo amargo era comenzar. Sus temores se fueron acumulando, aún cargaba con el de las palabras rebuscadas en su boca, pero ya no era tan fuerte como al principio, dependía de la ocasión y los ánimos que trajera. Un gran avance.
Así pasaron los semestres, con momentos incómodos, ya se iba acostumbrando. Después de mil ocasiones iguales, ya sólo sonreía sin contestar, se daba media vuelta y continuaba su camino. Ignoraba toda conversación relacionada. Sólo se distraía. ¿Para qué batallar?. Le daba igual si la gente opinaba o no. Ya todo había cambiado, pasó de ser su primer angustía a ser su última preocupación.
En dos años, no encontró con quien hablar libremente, sabía que tenía amigos, pero también sabía que no les tenía la suficiente confianza como para hablar. Ya antes lo había intentado, un intento fallido. Antes de salir de sencundaria, por primera vez en su vida decía la verdad, lo que sabía que le pasaba, eso que todos preguntaban, se desahogó, harta de todo comentario y ¿qué recibió? una respuesta inconcreta. Toda su vida, todos sus problemas resueltos en una burla, en un "no te creo". Pura mierda, jamás volvió a intentar tocar ese tema con alguien. En fin, volviendo al bachilleres, encontró un par de amigos, tal vez más, con quienes podía hablar de temas cotidianos, de algún que otro secreto, de amores perdidos y otras cosas, pero seguía sin sentir esa total confianza con la que le hablaba su pequeño perro. Sin embargo, sentía que no le hacía falta y poco a poco, se fue deshaciendo del tema, expulsándolo de su cabeza, sin conocer más gente por miedo a que se lo recordaran. Ella sabía que siempre la seguiría, a donde quiera que fuera, ahí estaría.. esperando el momento de atacar.
Jamás olvidaría aquél momento tan horrible, dos o tres años atrás, cuando vio a su mejor amigo, ahí adentro de esa enorme jaula para perros, su pequeño rostro lleno de ternura, pareciera que le hubiera pedido que no dejara que se lo llevaran, ella lo sentía, sabía que todas las cosas que él hizo, no las hizo él. Ella sabía que con ese corazón, era imposible que le hicera daño a alguien. Todavía recuerda cómo lloraba frente a él, exclamándole su dolor y sus ojos al mirarla, pareciera que lloraba junto con ella y poco a poco iba calmando su llanto, con un ligero y extraño poder, con su cariño que no hacía falta que se lo dijera, pues con el simple hecho de verla, se lo demostraba. Un millón de recuerdos, ese fue el momento en que ella decayó, se hundió hasta el más profundo hoyo. Se habían llevado a su mejor amigo, ¿cómo había podido permitir eso?, aunque ella sabía que por ninguna razón lo dejarían a su lado, pudo haber intentado algo. Poco tiempo después, les dieron la noticia de que había fallecido. ¡Pues CLARO! cualquiera hubiera sufrido de depresión si lo alejaban de su familia, de la que lo vio crecer. ¿Qué a nadie le dolía su partida? todos lo disimulaban tan bien, a cada uno les afectó, pero no lo iban a decir, ¿para qué?. Pero ella aún lo extraña, cada vez con mayor fuerza. Pero sabe y confía ciegamente en que él, donde quiera que esté, todavía la escucha y está con ella en esos momentos nostálgicos que no deja de tener desde que él se fue. ¿Cómo olvidar esos ojos tan brillantes, tan atentos a cada palabra que ella decía?. Sin duda alguna, su mejor amigo de toda la vida. Crecieron juntos y juntos aprendieron millones de cosas, sabían comunicarse a pesar de que no hablaban el mismo idioma. Nadie la había comprendido tan bien desde pequeña. Sin embargo, parecía que las cosas iban mejorando, jamás desapareció por completo, pero si disminuyó y se noto considerablemente. Eso la hizo feliz y con ganas de avanzar, pero nunca pudo librarse completamente de ese curioso malestar. Así continuaron pasando los años.
Un día, nada especial, conoció a una persona. Todo iba igual que con otras personas, pero había algo un poco extraño. Con todos los que había conocido por internet, eran de otros países o estados, muy lejos de ella. Siempre le daba mucha confianza a las personas lejanas, ¿pues qué? no la conocían en persona, no podrían percibir su extraña actitud presencial. Pero con este nuevo contacto, no hubo muchas ganas de hablar por línea. Sin embargo lo hizo, y supo que no sólo era de su ciudad, sino que también estudiaba donde mismo que ella. Estaba demasiado cerca, su actitud cambió hacía él. Trató de ser lo más normal del mundo, pero temía que al conocerlo personalmente, sucediera lo que sucedía con las demás personas. Siempre la llenaban de preguntas y no estaba preparada para ser interrogada nuevamente por un extraño. Sin darle importancia a eso, lo conoció, lo saludó varias veces y encontró el interés de él hacía ella. Eso le sorprendió demasiado, ¿cómo alguien podía hacer eso después de verla en varias ocasiones sin que ella se diera cuenta?.
Generalmente, las personas con las que logró salir, se interesaban por las conversaciones en línea que tenían con ella, no porque la conocieran en persona y luego descubriesen la maravillosa persona que había en ella, no, nunca fue así.. hasta ese momento. Ella nunca se consideró bonita, pero ese día lo empezó a poner en duda, más no se convenció. Pasaron días y lo fue conociendo un poquito más, nada más sabía que música le gustaba y que cosa solía hacer cuando tenía tiempo libre. Eran los últimos días de clases, cuando empiezan los exámenes ordinarios y él tenía que presentar algunas materias. Ella se decidió a ayudarle a estudiar, sabía que se moría de ganas por saber más de él. En esos días, se le olvidaron sus problemas. Había alguien nuevo en su vida, era totalmente emocionante esa idea. Así que se veían a diario y siempre platicaban cosas, pero llegó ese momento inesperado, era la primera vez que no se esperaba algo sobre aquél tema tan cotidiano años atrás, que sucedió. Esta vez fue distinto, ya no sintió las ganas de dar media vuelta y continuar su camino, de agregarlo a la lista de gente que olvidar porque jamás volverían a hablarle igual, nada de eso pasaba por su cabeza, se desconcertó un poco, la idea de haber olvidado el tema la tenía confundida en ese momento pero algo extraño pasó.. Respiró profundo y antes de empezar a dudar, le dijo la verdad...
Él hizo una que otra pregunta más, normal en cualquier persona. Ella sólo trataba de no pensar en lo que le seguía, en la reacción que el podría tener respecto a eso, pero nada de lo que esperaba sucedió. Al contrario, logró notar en su rostro, un gesto de comprensión. Sí, también el de un poco de duda, pero no tan extravagante como el de las demás personas que la veían, era distinto, era como si...
En un minuto, ella se sintió desahogada y no necesariamente humillada como había pensado que sería años atrás. Sintió un alivio. Existía una persona que la aceptaba tal y como era, y no sólo eso, él también le había declarado un que otro problema que sufría. Se contaron mil problemas más, ella desahogó todos sus temores. Los dos concordaron. Ella nunca supo de dónde salió ese grado de valentía al sentirse segura de platicarle tal cosa, pero no hay día en que se arrepienta de eso. Después de él no hubo alguien más que pudiera ganarse tal confianza para saber qué era lo que le atormentó toda su vida y a pesar de que todavía no logra deshacerse de esos males, ella ha podido salir adelante. Ahora está en la Universidad, sigue todavía con pocos amigos, pero se ha dado cuenta de que no necesita más, ella es feliz como está. Los problemas han hido disminuyendo, a veces existe un que otro tropiezo pero él ha estado ahí para ayudarle a levantarse cada vez que quiere caer.
Ella sabía, desde un principio, que él era especial. Demasiado especial. Ahora forma parte de su vida. Se convirtió en su mejor amigo, al que le cuenta todo, no hay algo que él no sepa. Ha sido el que la ayudado a superar todo obstáculo que se le presenta. Él la comprende y la entiende como nadie había podido hacerlo, nadie además de su fiel perro. Encontró el gran amor en ese ser tan especial que un día se encontró con ella, y desde ese día, no la ha dejado ni un segundo.
Él es el amor de su vida, y ella lo sabe. Sabe que sin él, su vida volvería a lo que era antes ya que no está aquél amigo que la acompañó durante su infancia, y más, para hacerla sentir querida, ahora es él el que le da fuerzas para seguir, el que llena su vida de alegrías y no de tristezas, el que la cuida y siempre la protege. Él que no la deja dudar y siempre está ahí para consolarla cuando algo se sale de control.

Gracias a él, ella volvió a creer en el amor. Y cree, indiscutiblemente, que existe una persona que puede ser también su mejor amigo.





LG&BL

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