noviembre 04, 2011

Un segundo, una eternidad.

Porque este 19 de noviembre quiero que te la pases cómo si fuese el primer día de tus veinte y tantos años. Tu "nueva etapa" como dices, empiezas a ser un adulto, mi adulto favorito :). Cada vez falta menos para que podamos hacer de nuestras vidas una sola.


Y eso, me parece perfecto.


Sabes, todas las personas tenemos defectos y cometemos cientos de errores, pocas aprendemos de ellos y muchos otros, seguimos cometiendo el mismo error, una y otra vez. ¡Qué decepción!, ¿No? Pero quién más que nosotros mismos para darnos cuenta de eso. Saber cómo podemos evitar todo ese tipo de confusiones.

Hacernos la vida más fácil de lo que ya es.


Pero siempre habrá momentos, digo, no puedes olvidar de dónde provienes ¿o no?. No puedo dejar atrás todo lo que he vivido a través de tantos largos años, aunque al parecer, fueron unos tantos segundos. Olvidar que un día nací y crecí de tal manera que tengo mis propios ideales, perfeccionados cada vez con el paso del tiempo. A cada minuto, mi parecer cambia. Es algo difícil, un día creo una cosa y al otro, estoy segura de lo contrario. No es que mi mente me juegue sucio, siempre llego a mismas conclusiones, pero de diferente modo.

Si hago esto, terminará de este modo; pero puedo hacer esto otro, cambiar aquello, seguir con eso y terminar de tal manera. Lo que pasa es que nunca sé qué es lo correcto.



Es raro, la palabra "raro" me causa nostalgia. Raro, tan fuera de la normalidad de las cosas. Son diferentes formas, sólo eso. Cada quien construye lo que quiere ser. ¿Y qué pasa cuándo no sabes?...



Te destruyes.



La vida se trata de saber decidir. En algún u otro momento tienes que hacerlo, es el destino. Y muchos le temen al destino pero, ¿por qué? no es malo. Simplemente tienen miedo de saber la verdad. Lo que pasará, quieras o no. Muchas veces lo buscamos nosotros mismos, sin saberlo ni pensarlo lo traemos.

Gran error.


Por eso hay que saber, desde un principio, qué buscamos y para qué lo buscamos. Hay que pensar dos veces antes de hablar y tres, antes de hacer las cosas.


Si deshago todo lo que hecho, claro, no se puede. Lo hecho hecho está y ni hablar.

¿Podemos olvidar? para mí es muy difícil. Recuerdo cosas sin quererlo. Siempre están ahí, acompañándome, diciéndome qué estoy ahí por una simple razón; yo. Yo y mis pensamientos ocultos, ésos que nunca salen y que nadie jamás conocerá porque son terribles, no tienen razón ni sentido, pero ahí están, sólo para destruir lo mucho que he ganado. Siempre haciéndome ver quién soy en realidad.


Es difícil olvidarme de todo y salir adelante.

No son tan graves las cosas que hice. De hecho, no son nada graves. ¿Para qué complicar todo?.

Tienes razón, no me debe de importar. Lo pasado, ya está hecho. Nada se puede hacer al respecto. ¡Ya! Que se acabe de una vez.


Quiero saber olvidar, quiero saber perdonar y seguir como si nada hubiera pasado jamás.

Me gustaría tener alguna de esas enfermedades, que hacen tu vida más fácil, no tienes de qué preocuparte. Ya sabes lo que pasará o no, pero no te distrae. Sigues ahí de cualquier manera. Sí, me gustaría...




Mientras tanto, seguiré buscando a alguien que me haga volar. No nadamás que esté ahí para acompañarme y convenciéndome de que no hay que temer. Quiero a alguien que se deshaga de ese miedo que no me deja vivir. Que no tenga que decir nada para que yo sepa que a su lado, nada pasará. Alguien que cuide de mí sin que yo se lo pida a gritos.


-...Pero, ¿Qué pasa?

- Nada. Ya lo encontré.


Estaba escondido ahí, muy oculto, entre tantas letras que acabo de escribir, en cada una de las palabras que forman un significado, ahí estaba, en el inicio de cada párrafo, siempre atento, esperando a que yo terminara de gritar, para secar mis lágrimas, que ya no tardaban en salir, sin que yo me diese cuenta. Sin más ni menos, siempre estuvo ahí.


Hoy, escribí contigo en mi mente. Sin soltarte ni un segundo.

Pensé en ti, luego llamé y escribí, siempre contigo en mi mente. Porque sólo contigo y nadamás contigo, me he podido expresar. Has liberado esa tensión que me apretaba el cuello, has solado aquél listón que jalaba de mis brazos. Has estado ahí, en toda mi vida, observándome y escuchando mis pensamientos.


Te amo y no importa lo que haya pasado con cada uno de nosotros.

El destino hará, lo que tenga que hacer.


No hay de qué preocuparse. Yo sé que, en este momento, el destino está conmigo.




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Quiero hacer de ese día, algo especial.
Sigo pensando cómo.

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