abril 16, 2013

El sol decadente


[Mors certa, hora incerta]

Lo confieso, cada vez tengo más miedo de dormir por no presagiar aquellas memorias quebrantadas en la oscuridad de la noche. Imágenes que jamás había visto pero sin embargo me acosan cada vez que la luna se incrusta en el cielo y cada vez se vuelve más certero este sueño recurrente, ¿Sueño he dicho? Pesadilla, que se estaciona en la cabecera de mi cama y me susurra palabras con sus pálidos labios. Algunos los llaman don, otros una maldición pero yo, yo sólo creía en la coincidencia que estos ocasionaban.

Hubo uno que me perturbó más que ocasiones anteriores; fue el de ayer. Yo tratando de no dormir para no incurrir en un mundo donde todo es oscuro y no existe nada más que dolor y desesperación, donde se hallan ocultas mis más recurrentes frustraciones y donde no existe algún lugar para esconderse. Prosigo entonces, ya estaba dormido; no me di cuenta de lo viciado que era el lugar, muy similar a mi casa pero había algo diferente, obviamente. Saliendo de mi cama y tocando el piso que estaba tan frío, como aquellas esperanzas que siento de vez en cuando, me dirigí al cuarto de mi madre ya que sentía un pálpito incorregible. Una vez dentro ahí, la escuché llorar. Por supuesto que me partió el corazón, de pronto trate de encender la luz y al no poder me le acerqué. Estaba sentada en la cama, a la orilla donde está su espejo, donde se ve todos los días para arreglarse, y allí me di cuenta de lo inminente: No era ella. Era como un maniquí, con la piel pálida, falsa. Voltee a ver su rostro, tenía una gran sonrisa, unos labios enormes, ojos… negros como si en realidad no tuviese, la nariz, en extremo puntiaguda y brotando sangre de cada uno de sus orificios faciales. Era un escenario terrorífico y desolado. Ella me miró y mostró unas imágenes que no tendrían sentido en eso momento. Las cuales fueron:

1.-Un carro. Era un automóvil antiguo, la verdad, la marca y modelo no eran notorios pues sólo era la silueta de uno.

 2.-Un reloj de manecillas que mostraba las 10 en punto.

 3.- Un látigo y una máscara de cuero.

De pronto desperté, súbitamente, y como es obvio empecé a cuestionarme sobre aquel sueño perturbador. Rápido me levanté y verifiqué que mi madre estuviese bien. Todo estaba dentro de la normalidad… y  la realidad. En eso pensé que ya había pasado algo así, con los hermanos de mi abuela y el vecino, había soñado sus muertes, la manera en que iban a perecer pero se veía con exactitud cómo sucedería y dónde se situarían las “victimas”.

Sólo que esta vez era diferente, demasiado confuso, sin esclarecerse, como aquella laguna que cuando el cielo quiebra en llanto y empiezan a caer las lagrimas de la noche, hace que el agua se altere, no dejando ver el reflejo de uno mismo. Daba vueltas sobre mi cabeza qué podría significar aquella epifanía. ¿Realmente las otras muertes, con relación a mis sueños, de Juana, Olegario y de Mario eran mera coincidencia? En está ocasión tenía que comprobar de una vez por todas si realmente era eso o si aquella misteriosa mujer maniquí era una manifestación de algo más allá de los entendimientos humanos. Además así podría evitar (si fuese cierto) una muerte o preparar a la persona a afrontarla, ¡No sé! La situación se hacía cada vez más desesperante, me tranquilicé un poco y comencé a analizar ciertas similitudes como el hecho de que los tres miembros eran conocidos míos, eso, era irrefutable. También el otro hecho era que había visto el dónde de su fin y pude sentir casi con exactitud el momento en que aquel brote de agua que surge del manantial de la vida iba a cesar. Es por eso que concluí que el carro, el reloj y los objetos de cuero eran el lugar y hora del fallecimiento de una persona cercana a mí, ¿Pero de quién se trataba? ¿De un familiar? ¿De un conocido? ¿De otro vecino? Sentí un poco de responsabilidad, ¿Sabes? Al saber que una vida va a acabar. Puedes llegar a tener la sensación que de pronto está en tus manos pero se  va a través de tus dedos como arena o agua y tienes que ser diligente en tu decisión, si la dejarás fluir junto con el río o aislarla en una cubeta donde estará presente hasta que de improvisto sea ella misma quien se dirija al torrente.

Me puse a razonar sobre dónde podría ser el lugar de la defunción y sólo tenía como referencia las figuras antes mencionadas porque con conocer esta parte únicamente debía observar el sitio y percatarme si algún conocido, familiar o no, aparecería.

De una manera incomoda e insegura indagué sobre el paradero de todos mis familiares y conocidos, ¿Qué representaba aquella máscara y látigo de cuero respectivamente? ¿Tienda para adultos? Ninguna de esas personas trabaja o era de dueña de uno de esos establecimientos. Acaso, ¿Sería dentro de una sex-shop? No lo creo, ya que había un auto en mi “visión”, entonces, tendría entonces que ser fuera de ella. Al parecer ya estaba atando cabos. Con el reloj era obvio, tendría carácter de occiso la persona dentro de la hora mostrada en las manecillas. Por último, el carro, ¿Qué coche era? No lo recordaba por alguna razón. Pero, ¿Quién demonios no tiene un carro estos días? Sería algo difícil. Así que me dirigí a lo que sería lo más largo y aburrido de esta historia. Busqué en los establecimientos previamente escritos, viendo de añadidura la relación que guardaban los sujetos posibles de la muerte con estos primeros, ya fuese para comprar algo ahí o simplemente pasar enseguida de ellas.

Pasaron varios días de una manera totalmente intrascendente, sin incidentes y con muchas dudas e incredulidad. Había perdido todo interés en la epifanía, ya ni siquiera estaba teniendo pesadillas. Parecía todo normal.

Llegué a mi casa y estaba oscura, algo raro pues era temprano, entonces me dirigí a la cocina por un poco de comida pero no había absolutamente nada. Todo me parecía muy extraño al estar mi hogar tan solo y silencioso.

-¿Dónde están todos?- Me pregunté.

Iba a subir las escaleras pasando por la sala cuando escuché un pequeño sonido, como si fuesen uñas arrastrándose lentamente con verdadera fuerza en el vidrio y volteando rápidamente reparé en algo en la ventana.          
             
-¡Demonios! ¡¿Qué fue eso?!- Grité, corriendo a la cocina para agarrar alguna navaja o utensilio filoso.

Había sido una silueta de una persona que, al asomar su cara en la ventana, pude observar su rostro totalmente desfigurado y pálido que me veía a través de ella. Ahora estaba hundido en la oscuridad, consumiéndome poco a poco el miedo y la soledad. Me dirigí nuevamente a la sala dónde se localizaba la ventana, aquella en la que ese sujeto tenebroso se había asomado. Estando en este lugar de la casa empecé a sentir como si estuviese en un anfiteatro, no pudiendo ver ni siquiera mis manos. Aún así seguí avanzando y adentrándome más en las tinieblas. Con ímpetu se prendió la televisión, deslumbrando mis ojos,  y fijándome en ella, advertí que había un texto que se veía muy borroso como si estuviese mal puesta la antena. Seguí acercándome escuchando un ruido estrepitoso, agudo, enajenado, sumiéndome al caos mismo pero, no me dejé vencer. Ahora sí estaba frente a él, algo singular pues el pasaje se encontraba en inglés, mientras que mi persona se hallaba atónita frente al aparato conjeturando aquellas letras en blanco. Decía así:

“The car is on the crash because
The 10:00 o clock is now on the watch
The sadist is the one who has put the price while
Your masochist body receives destruction and demise.”


[El coche está en el accidente porque
El reloj marca las 10:00 en punto
El sádico es quien ha puesto el precio mientras que
Tu cuerpo masoquista recibe destrucción y muerte.]

En lo más inesperado del momento surgió un haz de luz, sin pensarlo me dirigí a él y en un momento fulminante todo volvió a la normalidad pero yo estaba en un estado catatónico.
Esta vez no estaba del todo claro, ¿Masoquista? ¿Sádico? ¿Qué se supone que significa eso? Acaso, ¿Es alguien, un oscuro señor demoniaco, que busca alimentarse del alma de algún inocente? Sigue sin tener sentido pues no me especifica quién es el implicado en ese marchito destino.

Y pasaron nuevamente los días y yo sin una respuesta clara, buscando y buscando alguna coincidencia que pudiera conectarme con ese suceso próximo.

Entonces sucedió lo más impactante que hasta ahora había sucedido. De nuevo en mi casa, aconteció. Un silencio abrumador, del cual no podía escapar empero se escuchó un ruido a lo lejos, era una música ensordecedora, pero yo la conocía, la debía de conocer seguramente, como un camino me guié hasta ella. Cegado por la música no me di cuenta que mi hogar era ahora un pasillo larguísimo que cada vez se volvía más oscuro y tenebroso mientras que la armonía aumentaba en su fuerza, llegando al punto de estar muy activa, rebosando impetuosamente en todo ese sitio sin conocer. Los coros, los instrumentos, el eco que hacía que llegará hasta el fondo de tu alma quemando tu interior con el canto. La melodía era fascinante pero a la vez era tan sombrío. Otra vez hundido en la lobreguez, no obstante con dirección hacía la música, sentía la frialdad que me quemaba la piel y el sentimiento absurdo de una rara nostalgia sobre el lugar.

Realmente llegué a percatarme que estaba donde aquel ritmo me condujo. Era… Era Mozart, era su enigmático Réquiem. Claramente me veía en un momento absolutamente incómodo. Experimentaba cómo el canto me desnudaba los tímpanos y me acariciaba la piel. La muerte, había llegado. Derrumbado en mis pensamientos, y sin poderme mover de improvisto apareció un destello y en este estaba un apagador. Por supuesto que estaba inseguro, ¿Qué consecuencias tendría aquel instrumento? Sin pensarlo de más, lo activé y lo que sucedió después fue que la habitación se iluminó. Era mi cuarto, pero estaba revestido como una prisión, con paredes viejas, suciedad, sangre y grandes textos en ellas. Impresionado por aquella imagen  no podía si no ponérseme la piel en crispada. Incluso con esa armonía entristecedora y exorbitante me dispuse a leer las paredes. Me sorprendí violentamente al darme cuenta de que era aquel verso en inglés, escrito una y otra vez. Confuso empecé a gritar, a maldecir, a blasfemar, a arañarme el rostro y a desmoronarme, por supuesto, en aquel aposento con una increíble anomalía.

Inmediatamente (una vez que me había derrumbado en la terrible angustia que me provocaba todo ese instante) figuré la silueta de una mujer, era como la mujer maniquí, sólo que esta vez, era normal, como alguien vivo, reluciente y rebosante de vida.

                          -¡Estúpido! -dijo ella- Haz sido tan orgulloso y arrogante, interponiendo muros y obstáculos con dudas y vergüenza, tanto, que has obstruido la verdad. Siempre tuviste la respuesta, pero te negaste a verla. No te podíamos mostrarla pues tú te bloqueaste, te hiciste esclavo de la incertidumbre, te encadenaste a la falsa razón dejando a un lado tu instinto natural. No obstante, ahora, que no hay rencor hacia ti, eres libre y puedes ver la realidad. Adelante.

No podía ser, estaba completamente estupefacto

                          -Acaso… ¡Esto no tiene importancia ahora, después vendrán los cuestionamientos! –Pensé improvisadamente.

Acercándome a uno de los muros del dormitorio observé detenidamente el verso.


“The car is on the crash because
The 10:00 o clock is now on the watch
The sadist is the one who has put the price while
Your masochist body receives destruction and demise.”


¿Cómo había podido permitir pasar algo así? ¡El nombre estaba ahí! Efectivamente estaba ahí. Y yo, me impuse una ilusión, una falsa apreciación de la realidad, verdaderamente había… creado muros y obstáculos.

Tomando las palabras y números remarcados, los junté y sin poner ningún espacio formaban car10:00sadistmasochist. Evidentemente estaba inmerso el nombre de “Carlos”  en ese conjunto.

                          -Pero ¡¿Cuál Carlos?! -Dije gritando, abrumado por aquel pronto epílogo de la vida de un conocido.

Me calmé un poco y comencé a distinguir que “Sadist” sólo había tomado la primera letra, con esto, analógicamente, titubeando y con el corazón galopando vehementemente, acomodé ahora el nombre de quién fuese el siguiente difunto de mis conocidos. Ahora realmente formaba un nombre: Carlos M.

Era Carlos Mexia, el único “Carlos M.” que conozco, un viejo amigo que conocía desde el bachiller, y que ahora sería el siguiente de una lista interminable de personas. Era el próximo y no podía hacer nada para impedir el fallecimiento de él.

Por eso ahora escribo esta carta, para advertirte Carlos, buen amigo, que tomes las precauciones posibles pues de ahora en adelante no te espera otro rumbo. No sé a ciencia exacta cuándo será la ocasión pero no se puede evitar un final. Que esté escrito o no, es real, y también sumamente trascendente dudar sobre un verdadero propósito de la vida y la muerte, pues únicamente está el que el hombre le da: como una conclusión, como otra vida, o simplemente la intrascendencia. Cualquier opinión que sea la tuya, prepárate y prepara a tus seres queridos, pues las ceremonias no se hacen para los muertos si no para que los vivos, que justifican tu muerte con una transición creando un estado mental en el que emocionalmente amortiguarán la caída de tu pérdida.

En este instante antes de tu partida, en este momento de certeza de que estás vivo, mientras comprendes mis palabras y lees el sentimiento encontrado de ellas, en la precisión de este instante y analizando lo anterior; sí tiene propósito una despedida o, al menos, por lo que acontecerá más adelante. Aún así, a sabiendas de que algún día perecerás (hecho irrefutable que siempre se avecina en las noches más oscuras en las que no puedo llego a conciliar el sueño por temor al conocimiento y por el poder que otorga esta sabiduría) concluyo pues, que, sin embargo, la muerte realmente es insólita e incierta.

Fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

2017

No hay duda, este año fue de cambios; de tomar decisiones, de decir "ahora es tiempo" y lo hice, y cambié. Me di cuenta que si yo...